ESTA
ES UNA BREVE RESEÑA DE NUESTRA HISTORIA
“Hasta
no hace mucho tiempo, usábamos ese campito de San Juan
y La Fé para ahorrarnos unos metros de caminata. Después
ya teníamos que meternos en la cancha de básquetbol
y cruzarla si queríamos caminar algo menos, hasta que
hoy ya hay que bordearla porque en ese lugar sin pausa e la
muchachada del Auriblanco, la cancha esta cercada muy caseramente
con madera, pero demostrando que allí se trabaja y
se camina hacia adelante , teniendo como mejor ejemplo ese
ascenso recientemente logrado de Cuarta de Ascenso a Tercera...
Así conocimos nosotros a este Auriblanco de hoy”
Nos parece que buena manera de iniciar ésta reseña
histórica de lo que es Auriblanco, es citar el comienzo
de una nota que el periodista , también vecino del
club, Carlos Vignoli realizaba en el vespertino “El
Diario” a fines de 1970 con motivo del primer Campeonato
Federal de mayores obtenido por Auriblanco logrando el ascenso
a Tercera. La inquietud de formar un nuevo club surgió
cuando un grupo de muchachos que alternaban en los planteles
de Capitol “decidieron independizarse”: Nelson
Rodríguez, Luis San Martín, Miguel Miguez, Walter
Muiña y Roberto Liguori. Casi todos ellos ex-alumnos
del colegio San Francisco de Sales (Maturana) y vecinos de
la zona fueron los promotores de una brillante idea que muy
pronto comenzó a mostrar inconvenientes. La etapa inicial
se vivió con mucha frialdad pero con el correr de los
días se fueron arrimando nuevos dirigentes como Manuel
Rodríguez Luz, José San Martín y Carlos
María Mederos.
El Club fue fundado un lunes 12 de octubre de 1959 en la calle
Olivos (hoy José Nasazzi) 970, domicilio de quien sería
el primer Presidente de nuestra Institución, Manuel
Rodríguez Luz.
El encontrar un nombre para el nuevo Club no fue un problema;
todos estaban de acuerdo en que sería Bella Vista por
el barrio donde vivían, pero al afiliarse a la Federación
Uruguaya de Básquetbol se les informó que no
podían denominarse igual a otro club ya existente,
aunque no practicara ese deporte. Por lo tanto ante este problema
y ya resuelto que la camiseta del novel club sería
amarilla y blanca, se cambió el nombre y así
nació el Auriblanco Basket Club.
El primer problema a resolver fue tener un lugar donde reunirse.
Con mucho entusiasmo se recibió la cesión por
parte de los sacerdotes del Colegio San Francisco de Sales
(Agraciada y Bvr. Artigas) de una pieza de tres por cuatro
que hubo que pintar y dotar de un piso nuevo. Las paredes
de arpillera pintada sirvieron para darle marco a la nueva
sede, la primera.
Una cantina con un futbolito se convertía en determinados
momentos en Sala de Sesiones. Ahora se presentaba la mayor
dificultad, conseguir la cancha. El deambular permanente jugando
algún partido con equipos de otros colegios pero sin
una cancha propia y sin mucho más que el entusiasmo
de tener un cuadro de básquetbol, no dejaba de ser
una necesidad. Vino entonces el arriendo del viejo Cine Olivos
(Agraciada y Olivos) y las primeras prácticas de básquetbol
en “cancha propia” con la formación del
primer jugador auténtico de Auriblanco: Omar Mederos
(con los años, capitán del equipo que obtuvo
el primer ascenso).
Esto tampoco iba a durar mucho y al poco tiempo hubo que tomar
la senda del eterno deambular, con mil sacrificios pero siempre
con la ilusión de seguir adelante, alquilando, para
poder disputar los partidos ya oficiales, las canchas de Don
Orione y Urunday.
Por aquel entonces, año 1961, teníamos
nueva sede; la casa deshabitada en la calle Olivos, entre
Uruguayana y Agraciada, que su propietaria prestó sin
costos. Esta nueva etapa para conseguir “la cancha”
llegó a su fin. Merced a reiteradas gestiones en el
mes de junio de 1962 se logró la cesión del
predio ubicado en la esquina de San Juan y La Fe (hoy Carlos
Princivalle) por parte del entonces Consejo Departamental
por el término de treinta años.
Ya se tenía el lugar físico “propio”
y lo que era un terreno baldío había que transformarlo
en campo deportivo, vestuarios y sede social, pero conseguir
un peso era más que una lucha. Entonces surgió
la idea de dar cine en la calle y pasar una latita para juntar
la contribución de los concurrentes. Eso ocurrió
todos los miércoles y viernes en la calle Olivos, entre
Uruguayana y Agraciada, con una concurrencia asegurada.
Gracias al esfuerzo de dirigentes, socios y el aporte de la
barriada, comenzó la vida deportiva en serio de aquella
quimera nombrada Auriblanco. La juventud de los alrededores
no desaprovechó la ocasión de tener un club
más en el barrio y se sumó al esfuerzo.
La construcción de la cancha pasó a ser un hecho
y a aquellos cinco “adelantados” ya se le habían
sumado muchos para comenzar la nueva vida de la Institución.
En el año 1964 se pudo terminar el local que serviría
de nueva sede, cantina, baños y vestuarios, y para
fines de 1966 se terminó la cancha.
El poder contar con un rectángulo de juego fue el comienzo
para todo equipo que piensa en el futuro: formar jugadores.
Así se pudieron integrar los planteles de mini-bidy,
mini, menores y, para el inicio de 1970, formar el equipo
de juveniles, que completaba de esta manera todas las divisiones
formativas y desde entonces Auriblanco competiría con
todas sus categorías ininterrumpidamente hasta el presente.
Con el transcurrir del tiempo, los proyectos fueron muchos
en el plano social, deportivo y edilicio pero los pesos seguían
siendo pocos.
Llegando el año 1974 se pudo concretar la compra de
un terreno adyacente al fondo de la sede y se hicieron mejoras
en las instalaciones.
Para el año 1989 se realizó
la construcción de un nuevo Salón Social, arriba
de la vieja sede, que
ya quedaba chica para albergar a la familia de Auriblanco.
Con mucho esfuerzo y después de largo tiempo se consiguió
hacer el piso nuevo de la cancha en el año 2000.
En el plano deportivo, siempre se mantuvo la actividad oficial
en todas sus categorías, haciendo hincapié en
formar desde temprana edad a nuestros propios jugadores que
a futuro nos defenderían en el equipo mayor, dándonos
muchas alegrías con títulos obtenidos en divisiones
formativas y ascensos logrados por el primer equipo, como
el último histórico en el año 2000, ascendiendo
por primera vez a Segunda de Ascenso.
Muchos dirigentes, asociados y colaboradores han pasado y
nos siguen acompañando hasta la fecha, transformándose
con el tiempo en referentes ineludibles para todos nosotros.
Desde Manuel Rodríguez Luz, Martín Salaberry,
Nelson Rodríguez, Roberto Callicó, Enrique Yanuzzi,
Carlos Mederos, Luis Arocena, Walter Muiña, Nelson
Lema, José San Martín, Eduardo Juanicó,
Rafael De La Vega, Juan Carlos Núñez y los inolvidables
Roberto “Chiquito” Araújo y Roberto “Gallego”
Vázquez, en ellos el recuerdo y el cariño para
muchos, muchos más.
Jugadores y técnicos como José Bermúdez,
“El Vasco” Gómez, Omar Mederos, Emilio
Lema, Álvaro Suárez, Ricardo Vacca, José
Alonso, Eitel Cantón, Ramón Bargo, Ricardo Puig,
Carlos Bufa, Ángel Blanco, Enrique Senssel, Daniel
Echinope, Miguel Tronconi, José Fernández, Jorge
Levi, Ángel Albornoz, Enrique Planels, Arnoldo Stratta,
José Falero, Luis Falero, Gerardo Zucotti, Ricardo
Romero y Roberto Cabrera; en estos dos planteles que lograron
los dos primeros ascensos de nuestro club va el saludo para
todos los que vistieron y visten con orgullo y cariño
nuestra camiseta.
El presente nos encuentra al igual que 44 años atrás
con muchos proyectos y con mucha gente que nos acompaña,
en su gran mayoría producto genuino (y esto lo decimos
con orgullo) de esas cuatro décadas y pico de ir formando
desde niños buenos deportistas, futuros dirigentes
y, por sobre todas las cosas, buenos amigos.
La Comisión Directiva actual ya tiene desde hace mucho
la cancha, pero le quieren poner la tapa, anhelando en un
futuro cercano techar y hacer el cerramiento total. El emprendimiento
de esto, nuestra quimera actual, ya comenzó y con el
esfuerzo de todos seguro lo vamos a lograr, pero sin descuidar
jamás, como desde siempre lo hicimos, el poder brindarle
a los jóvenes, escuelas y organizaciones del barrio
un lugar de esparcimiento para formar buenos deportistas y
mejores personas.
Este fue un aporte más
de Juan José
Baroncini puntal y amigo. |